Desarrollo sostenible y economía circular

El riesgo real y cercano de los efectos devastadores del efecto invernadero nos sitúa en un nuevo paradigma económico llamado “economía circular”.

La enorme incidencia de la actividad humana es palpable.
La enorme incidencia de la actividad humana es palpable.

Redacción. A estas alturas todos tenemos nociones más o menos claras sobre el significado del reciclaje. No obstante, embebidos en un proceso rutinario podemos perder de vista la importancia del pequeño gesto que hacemos cuando separamos la basura y la depositamos en el contenedor correspondiente.

El riesgo real y cercano de los efectos devastadores del efecto invernadero nos sitúa en un nuevo paradigma económico llamado “economía circular”.

Para hacernos una idea de la necesidad del cambio en nuestros modelos productivos podemos hacer referencia a los datos sobre emisiones de gases de efecto invernadero. Los GEI, dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), pueden ser emitidos de forma natural por diversas fuentes. Las emisiones volcánicas contienen entre un 10 y un 40% de dióxido de carbono, el metano es un gas expelido normalmente por organismos vivos durante su descomposición de los alimentos. El óxido nitroso se produce en procesos biológicos de suelos tales como la desnitrificación del estiércol y en océanos.

Pero la enorme incidencia de la actividad humana es palpable. Se puede medir gracias a muestras de hielo polar que proporcionan datos de miles de años. Los resultados son reveladores, desde la Revolución Industrial, en 1750 se ha producido un incremento del 40% en la concentración atmosférica del dióxido de carbono, desde 280 ppm en 1750 a 400 ppm en 2015. Pero más grave aún es el importante aumento que ha tenido lugar en los últimos 40 años, durante los cuales las emisiones de GEI aumentaron en un 70%, siendo el aumento del CO2 de un 80%.

Aunque no todo son malas noticias. Gracias a los compromisos contraídos por los gobiernos de diferentes países el ritmo de crecimiento de emisión de GEI ha descendido durante los últimos años. En 2012 las emisiones aumentaron sólo un 1,1% cuando el incremento medio anual fue del 2,9% observado en el última década. Este es solamente un dato que indica que, aunque estamos lejos de corregir los efectos nefastos que el antiguo modelo productivo ha tenido sobre el planeta, estamos dando los primeros pasos en la senda correcta.

La economía circular surge como respuesta a la necesidad de cambio y consiste en una organización de sistemas inspirada en los seres vivos que busca la reutilización de los residuos y cambiar el paradigma lineal que se termina cuando tiramos los productos ya utilizados. Esto pasa por reutilizar los productos usados, que se transforman nuevamente en un producto disponible tras sufrir algunas transformaciones que lo hacen apto para el consumo, es decir, reciclar.

Los beneficios del reciclaje son muchos, y es importante ser conscientes de ellos cuando reciclamos. Según datos de Ecoembes, solamente gracias al reciclaje de envases hemos evitado la emisión de 16,4 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera desde 1998, año en que esta organización comenzó su actividad. El ahorro de energía fue de 26,6 millones de MWh, una cantidad enorme, pues hay que pensar que la mayor parte del dióxido de carbono se emite por la quema de combustibles fósiles para producir energía.

En palabras de Óscar Martín, CEO de Ecoembes“El reciclaje de envases sigue avanzando. Ya se reciclan el 73,7% de los envases que gestionamos”

Los datos disponibles ya son suficientemente relevantes como para adherirnos a la cultura del reciclaje, pero más allá, ha de convertirse en una filosofía de vida y de respeto al planeta y a las generaciones futuras, de ahí la importancia de extenderla a todos los factores de desarrollo económico.

Deje un comentario

Su dirección de correo no será publicada.